Arte original. Atenea.

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Esta obra de arte original, Atenea, es un homenaje a la diosa Atenea, diosa de la inteligencia, a la cual conozco desde los años 90.

Descripción

Obra de arte original, Atenea.

Dimensiones: 100 x 80 cm

Técnica: óleo

Soporte: lienzo sobre bastidor

Semblanza:

Esta obra de arte original es la quinta de la serie Atenea y ha supuesto un trabajo de introspección profunda en la que he llegado a pensar que atenea ya se me ha apreció, sin yo saberlos en los años 90, con el devenir de los años se ha hecho más y más presente en mi vida, por lo que supone de inteligencia estratégica, de pensar del yo y de fiereza helada lejos de mis apasionamientos juveniles, a continuación dejo un texto que he ido hilando en diferentes fuentes y que pretendo pueda ilustrar mejor las diferentes motivaciones de los elementos de esta obra de arte original.

Desde antes de su nacimiento, Atenea ya era un problema para el poder.

No por lo que haría,
sino por lo que podía llegar a ser.

Zeus había tomado como esposa a Metis, la más sabia entre dioses y hombres. Pero una advertencia —nacida de Gea y de Urano— le reveló un destino inquietante:
Metis daría a luz primero a una hija igual a su padre en inteligencia y fuerza, y después a un hijo destinado a superarlo.

Zeus no repitió el error de su propio linaje.

La devoró.

Así, la inteligencia no desapareció: quedó encerrada dentro del poder.

Pasó el tiempo.
Y entonces, el dolor.

Un dolor insoportable en la cabeza del dios supremo. Ningún remedio, ninguna intervención bastaba. Hasta que Hefesto —según otras versiones Prometeo— abrió el cráneo de Zeus con un golpe preciso.

Y de esa herida no salió sangre.

Salió ella.

Atenea emergió ya adulta, armada, con casco, lanza y égida, lanzando un grito de guerra que hizo temblar el cielo, la tierra y el mar. No había infancia en ella. No había aprendizaje.
Era pensamiento hecho forma.
Estrategia convertida en presencia.

No nació de mujer.
No debía nada al cuerpo.
Y por eso nunca se sometió a él.

Virgen no por pureza, sino por independencia.


Atenea no es solo diosa de la sabiduría.
Esa es una simplificación humana.

Es diosa de la inteligencia aplicada:

  • de la estrategia en la guerra, frente a la violencia ciega de Ares
  • de la técnica, del tejido, de la arquitectura
  • de la navegación, de la orientación
  • del orden que transforma lo salvaje en civilización

Su símbolo, la lechuza, no representa belleza.
Representa visión en la oscuridad.

Su égida, cubierta con la cabeza de Medusa, no es ornamento:
es la prueba de que lo monstruoso puede ser integrado… y utilizado.


A los hombres no les dio consuelo.

Les dio herramientas.

Fue ella quien enseñó:

  • el arte de hilar y tejer (y castigó a Aracne cuando olvidó el límite entre talento y desafío)
  • la construcción de naves y carros
  • la disciplina del pensamiento antes de la acción
  • la medida, el cálculo, la forma

Atenea no inspira.
Atenea corrige.


Y sin embargo, eligió.

No a los más fuertes.
No a los más devotos.
A los que sabían pensar.

Favoreció a Perseo, entregándole el medio para vencer sin mirar directamente a lo que destruye.
A Odiseo, por su mente capaz de sobrevivir donde la fuerza fracasa.
A Heracles, no por su poder, sino por su capacidad de obedecer una estructura.
A Belerofonte, enseñándole a dominar lo que no pertenece a los hombres.

También protegió ciudades, pero solo aquellas que aceptaban el orden.

En Atenas ofreció el olivo frente al caballo de Poseidón.
No eligió la fuerza.
Eligió lo que permanece.


Atenea no es una diosa que acompaña.

Es una presencia que observa.

No evita el error.
Pero tampoco lo perdona.

Y cuando aparece, no transforma el mundo.

Transforma la forma en la que eres capaz de verlo.

En la adquisición de esta obra de arte original se admite el pago a plazos, para ello a la hora de pagar elegir la opción «KLARNA» (EN LUGAR DE LA OPCIÓN TARJETA) y seguir los pasos que se indiquen.

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