Arte original. Cloris
250,00 €
Esta obra de arte original, muestra a Cloris, diosa del florecimiento, como símbolo de belleza, misterio y vida que renace desde el silencio.
Descripción
Obra de arte original, Cloris.
Dimensiones: 30 x 30 cm
Técnica: acuarela
Soporte: tabla impermeabilizada
Semblanza:
Cloris
El instante antes del florecimiento.
En la mitología griega, Cloris representa ese momento casi imperceptible en el que la vida decide regresar.
Ninfa asociada a las flores, la primavera y la renovación de la naturaleza, su historia habla de una de las fuerzas más antiguas del universo: la capacidad de transformar la quietud en movimiento, el silencio en creación y lo aparentemente dormido en belleza.
Según el mito, Cloris fue unida al viento del oeste, Céfiro, cuyo soplo suave anunciaba el final del invierno. De esa unión nació el renacer cíclico del mundo: los campos volvían a cubrirse de color, la tierra recuperaba su pulso y la existencia recordaba que toda oscuridad contiene la promesa de una nueva luz.
Pero Cloris no fue únicamente símbolo de belleza delicada. Como parte del universo de Hera, reina de los dioses, aparece ligada a los ciclos sagrados de la fertilidad, el matrimonio y la continuidad de la vida. Su presencia acompaña a la gran diosa no como una simple ornamentación floral, sino como la manifestación visible de aquello que Hera protege: el poder creador, la permanencia y la fuerza invisible que sostiene todo nacimiento.
En esta obra de arte original, Cloris emerge como una presencia detenida entre dos mundos. Su rostro, construido únicamente con gris de Payne, conserva la solemnidad del mármol antiguo. La ausencia de iris en sus ojos la aleja de lo humano y la acerca al misterio de las esculturas clásicas: no mira un lugar concreto, contempla algo más allá.
La diosa gira hacia nosotros, pero su mirada asciende. Hay una tensión silenciosa entre el cuerpo que permanece y el espíritu que parece escuchar una llamada invisible.
Frente a la serenidad fría de la piedra, la corona rompe el silencio: flores azules, rojas y amarillas brotan como fragmentos de energía pura. El color no adorna a Cloris; nace de ella. Es la prueba de que incluso aquello que parece inmóvil conserva en su interior la posibilidad de florecer.
El gran espacio vacío que ocupa parte de la composición no es ausencia. Es espera. Es el territorio donde todavía no ha ocurrido nada y, precisamente por eso, donde cualquier cosa puede suceder.
Cloris pertenece al universo de Nyx porque habla del mismo misterio: la frontera entre sombra y luz, entre quietud y transformación, entre aquello que termina y aquello que está a punto de nacer.
Porque quizá la belleza no aparece cuando desaparece la oscuridad.
Quizá la belleza aparece cuando aprendemos a florecer dentro de ella.
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